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¿Y si solo necesitas entender mejor cómo duerme tu bebé?

Siempre que quiero entender y hablar sobre un tema relacionado con la crianza, acabo refiriéndome a nuestros ancestros y a nuestra condición de mamíferos. Ahora verás por qué.

La lactancia, el sueño, la alimentación, los buenos hábitos, las rutinas… de forma muy básica, todo se reduce a recordar que somos mamíferos, seguir nuestra fisiología y acercarnos a nuestros orígenes.

Ritmo natural humano

Está claro que desde el Homo sapiens hasta hoy hemos mejorado y no somos exactamente como los chimpancés. Muchas cosas han cambiado y, como especie, hemos evolucionado. Pero revisemos cómo vivían nuestros antepasados en la Prehistoria y cómo se comportan, en general, los animales mamíferos:

Cómo funciona realmente el sueño

Simplemente, la fisiología manda. Y, de forma muy resumida y sencilla, en el tema del sueño, funciona así: con la luz, llega una señal al cerebro que nos activa. Segregamos cortisol y serotonina. Estamos despiertos, en vigilia: comemos, socializamos, nos movemos… Cuando llega la oscuridad, baja el cortisol y segregamos melatonina, que favorece el sueño. Y al día siguiente, repetimos…

Dormir bien es esencial por muchas razones.

Durante el sueño, no solo desconectamos: el cerebro madura, se refuerza el sistema inmunológico (nuestras defensas), se consolidan la memoria y el aprendizaje, se regeneran tejidos dañados y se eliminan tóxicos y desechos metabólicos acumulados durante el día. También se regulan las hormonas.

El sueño es un proceso evolutivo.

Cambia a lo largo de toda la vida, pero especialmente durante los primeros tres años. Dormir toda la noche es un hito en el desarrollo, igual que aguantar la cabeza, empezar a caminar o aprender a sumar y restar.

Pero, ¿sabemos qué significa “dormir bien” para un bebé o un niño de dos años?

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¿Sabemos qué significa “dormir bien” para un bebé o un niño de dos años?

Los adultos seguimos un ritmo circadiano, que dura 24 horas, de las cuales pasamos durmiendo unas 7-8 horas y el resto en vigilia. Los recién nacidos siguen un ritmo ultradiano, que dura aproximadamente 3-4 horas: duermen, comen y están despiertos. No dependen del día y la noche, ni les afecta demasiado el entorno o los ruidos…

A partir de los 3-6 meses, comienza la maduración del núcleo supraquiasmático del hipotálamo, que permite la evolución del ritmo ultradiano hacia el circadiano. Esto les permitirá dormir «como un adulto». Este proceso se completa entre los 3 y 6 años de vida.

Intentar cambiarlo o acelerarlo no es posible ni adecuado. El cerebro de nuestros bebés no está preparado para dormir como nosotros “queremos y necesitamos”. ¿Le pedirías a un bebé de seis meses que camine? ¿Esperarías que tu hijo de dos años supiera sumar y restar? ¡Pero sí queremos que duerma toda la noche!

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No podemos cambiar nuestro día a día

De acuerdo, es difícil. No podemos cambiar nuestro día a día:

No vivimos en la Prehistoria ni somos animales salvajes.

Tenemos horarios y necesitamos «dormir».

¿Cómo podemos adaptarnos al ritmo de sueño de nuestros hijos?

¿Cómo podemos “sobrevivir” a los primeros años?

No hay fórmulas mágicas ni milagrosas, y no se puede «entrenar el sueño». Hay algunas pautas y consejos que podemos aplicar, pero lo más importante es AJUSTAR EXPECTATIVAS Y COMPRENDER EL SUEÑO DE LOS BEBÉS.

LOS BEBÉS. Tu bebé no duerme “mal”, duerme como un ser humano en desarrollo. No como un adulto, no como una máquina, sino como lo que es: un pequeño mamífero diseñado para sobrevivir, vincularse y desarrollarse a su ritmo.

Sí, hay noches difíciles, el cansancio se acumula, y a veces desearías una pausa… Pero entender qué pasa y por qué es el primer paso para soltar la culpa, no pensar que estás haciendo algo mal, ajustar expectativas y encontrar estrategias más realistas para cuidarte a ti también.

Estás acompañando el sueño de tu bebé… y eso ya es mucho.

Cuidarte a tí, es cuidar a tu bebé

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